VICTORIA NÚÑEZ ESTRADA
Victoria Núñez Estrada
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Traspasar las nubes, volverse clima. Sobre las coreografías de la materia

Por Mariel vela


Una estructura se desliza casi imperceptiblemente sobre los azulejos verdes de una mansión porfiriana. El sonido que emiten las diminutas ruedas se disipa entre los murmullos, las llamadas, los hielos circulando en los vasos, los tacones. Continúo observando el registro del performance que acompañó la pieza “Traspasar las nubes, volverse clima” (link) durante la semana del arte en Ciudad de México, en la doceava edición de Salón Acme. Un clima es el conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región. La atención fragmentada, así como la saturación sensorial, serían los elementos que conforman el clima de aquella región conocida como la feria de arte. La intermitencia que se genera entre un video y otro estratifica la obra en múltiples capas; presencias fragmentadas, gestos acumulados, temporalidades que chocan.
¿Cuál es la operación a través de la cual un objeto escultórico hace un llamado al contacto, al roce entre lo humano y la materia?


Al intentar hacer un rastreo de los elementos comunes que conforman la obra de la artista Victoria Núñez Estrada (CDMX,1989), resulta casi imposible establecer categorías bien definidas. Precisamente, es este desbordamiento formal el que caracteriza los tránsitos plásticos que suceden entre el dibujo, la escultura, la instalación y en el caso de su obra más reciente, la coreografía. Lo que observo en las piezas de Victoria, es una pregunta por la materia como un conglomerado de potencias y narrativas. ¿Cómo es que un trazo puede devenir ritmo, cómo es que un volúmen puede producir nuevas espacialidades? Hay un vaivén óptico, físico incluso, que provoca pensar en varias dimensiones simultáneamente. Al crear estos paisajes abstractos, introduce temporalidades y sensaciones que desordenan las narrativas humanas, los cánones de la historia del arte, así como cualquier presunción de dominación de la naturaleza.


La palabra activación, utilizada para nombrar el momento en el que un objeto despierta gracias a una voluntad subjetiva, resultaría limitante. Encapsula toda la potencia creativa que reside en la materia, en sus ciclos, sus ritmos desconocidos, en una definición que la vuelve accesorio. Pensar en un encuentro resulta más riesgoso. “Traspasar las nubes, volverse clima” de la artista Victoria Núñez Estrada, hecha en colaboración con Julia Barrios de la Mora, Wilber Mendoza y Denisse Cardenas, es una pieza que consiste de tres nubes modulares hechas de fibras de madera comprimidas, dotándolas de un carácter a la vez atmosférico y funcional. La sinuosidad de los bordes superiores, así como las perforaciones circulares ofrecen formas que remiten al abstraccionismo geométrico, a lo escenográfico, a lo utilitario. Los cuerpos de los performers, camuflados en tonos marrones, buscan conocer táctilmente estas extrañas nubes. Las escuchan con las manos, oídos táctiles cableados con micrófonos.


Aquel desordenamiento sensorial de los performers, así como los cortes que ejecutan sobre su propio cuerpo al buscar integrarse con las nubes, vuelve extraño y vulnerable un sistema coreográfico que se crea en el instante que emerge cada acción. Por medio de un instructivo ilustrado, los performers ejecutan acciones que buscan encontrarse con la obra de Victoria, no como una fusión de materias, sino como un diálogo entre las formas.


Maris Bustamante acuñó el término de formas PIAS en 1990 para integrar el performance, la instalación y la ambientación bajo una sola categoría. Las definía como una “manifestación de mayor radicalidad contra la narración, contra el entretenimiento, contra la representación, contra la presentación, contra la expresión, contra la obra de carácter estable, no es teatro, no es actuación, no es espectáculo y expresa el tiempo real que es aburrido (frente a la televisión que busca la diversión a través del manejo de un tiempo ficticio)”.[1] Si bien en 1990, las formas PIAS se proponen como una ralentización del tiempo frente a la velocidad de la televisión, ¿cómo se lee una pieza de performance no solo frente a las interferencias de los celulares, sino de los propios ritmos frenéticos del mercado del arte contemporáneo? Habría que generar un posicionamiento, hacer uso de las herramientas que el modernismo nos heredó para generar interferencias y encuentros imperfectos. La pieza “Traspasar las nubes, volverse clima” está llena de códigos que son de sútil radicalidad, citas a la obra de Lygia Pape, Nancy Holt, incluso al trabajo de Yvonne Rainier y su famoso “Manifiesto del No”, a través de las coreografías incitadas por Julia Barrios de la Mora, mismas que rehuyen a cualquier intención de entretener, de producir un virtuosismo que pudiera detener la dispersión de su audiencia.


Sol, luna, agua, cielo, tierra, estrella; éstas son las palabras que componen el círculo de uno de los poemas concretos de Nancy Holt.[2] El círculo aparece en el trabajo de Victoria, como una mirilla a través de la cual desordenar los elementos del mundo, así como un lugar de encuentros fortuitos. Un encuadre, un orificio, un portal, un visor en donde cabe el cosmos. Las nubes se trasladan lentamente sobre los azulejos, así como avanzan de formas imperceptibles en el cielo. Emerge un clima, aquello que sucede en el parpadeo, la duración de todo lo que no es humano y sin embargo nos toca.





Nancy Holt, The World Through a Circle (ca. 1970)
Typewriter ink on paper
11 x 8 1/2 in. (27.9 x 21.6 cm)

© Holt/Smithson Foundation / Licensed by Artists Rights Society, New York






Victoria Núñez Estrada, “Nubes Biombo” 2025
Instructivo


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[1] Maris Bustamante, “‘Formas Pías’: Cartografías incompletas en la obra de Juan Acha”. Disponible en: .
[2] “The World Through a Circle”, ca. 1970, Nancy Holt.